Asesino trató, aún muerta, de practicarle sexo por segunda ocasión


Florentino Durán Higüey El confeso violador y asesino de la menor Rosairy Maite Gil Rivera de 11 años, el mecánico Santos Cedano, calculó una coartada para aparentar que solo tuvo que ver con ocultar el cadáver de la niña, luego de satisfacer su deseo de violar y matar a la pequeña. El individuo, a quien el jueves de esta semana le serán conocidas medidas de coerción, admitió a las autoridades que luego de la menor regresar de un colmado donde la envió a comprarle un refresco, seguido le tapó la boca y la nariz y la lanzó al piso, donde ejecutó el acto de violación, y su muerte.

Reveló que luego del forcejeo tocó repetidas veces el rostro de la menor, y al ver que no reaccionaba, por haber sido estrangulada, decidió ocultar su cadáver detrás del edificio del Ayuntamiento de La Otra Banda. Plátanos para cena que no pudo comer El individuo reside en la casa 138 de la calle Enrique Rijo, del sector Mama Tingó, a pocos metros del colmado “El Manantial”, donde la menor fue a comprar plátanos, para la cena de su casa. Conforme a revelaciones hechas por las autoridades, algunos detalles obtenidos por la forma en que fue encontrada la niña, todo indica que el asesino trató, aún muerta, de practicarle sexo por segunda ocasión, aún muerta, en una acción propia de necrófagos. No lo hizo porque alguien se asomó al lugar. El necrófilo es una persona que se caracteriza por una atracción sexual hacia los cadáveres, tanto en humanos como en animales. El retorno de “Yoyo” desde Colombia Con su coartada trató de involucrar a su vecino, Pedro Antonio Rodríguez Santana alias (Yoyo), quien comentó en un colmado cercano que viajaría a Colombia al día siguiente, lo que hizo pensar a Cedano que al este no regresar, estaría purgando una condena menor, por ocultamiento de cadáver, al admitir que solo se limitó a eso, cuya pena máxima sería de dos años.

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